Viaje ecologista con Sebastiao Salgado

Fernando Bonete Vizcaino

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Profesores y alumnos de asistieron el pasado viernes 24 de octubre al prosterno del documental La sal de la tierra, sobre el fotógrafo Sebastiao Salgado, una oportunidad única para descubrir a este artista que ha acaparado salas de exposiciones de todo el mundo con las instantáneas de su último trabajo, Génesis. Te presentamos una pequeña reseña de la película.

No dudo de la factura técnica de un cineasta que ha conseguido entrar en la clasificación de “clásico” del séptimo arte estando todavía vivo. Menos cuando se trata del género documental, formato con el que Win Wenders se introdujo en el cine. Primero con cortometrajes Silver City Revisited y 3 American LPs (1969), más tarde con el largometraje sobre Nicholas Ray Relámpago sobre agua (1980). El documental ha salpicado durante más de cuatro décadas de carrera audiovisual el trabajo del director alemán, y nos dejó un reciente ejemplo de esta guisa en 2011 con los minutos dedicados a su compatriota bailarina y coreógrafa Pina Bausch.

Wenders repite este 2014 en el género junto con Juliano R. Salgado: La sal de la tierra, sobre el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado. Como en el caso de Pina, la belleza de su metraje es indiscutible. Decía que no dudo de su maestría formal… otra cosa es lo que nos cuenta.

El comienzo, desde luego, es prometedor. El encuentro entre cineasta y fotógrafo, emocionante. La mirada humana que comparten, inteligente y bondadosa. Las historias de sufrimiento en los parajes más recónditos del mundo, turbadoras, conmovedoras… Por eso sorprende el viraje de mitad del filme en adelante, cuando todo ese discurso de Salgado narrado por Wenders, que parecía encaminado a demostrar la necesidad de la caridad para con los más desfavorecidos, ese dar voz a los sin voz a través de la fotografía, se transforma en decepción y pesimismo por las obras de la naturaleza humana y termina convirtiéndose en un discurso meramente ecologista.

El resultado del trabajo fotográfico de Salgado, lo que hay detrás de su obra, es la desesperanza, la desconfianza en el hombre y, finalmente el refugio en la naturaleza. Eso es cobardía: podría haber arriesgado, apostado por la semilla del amor humano, y se conforma con la reforestación. Bien es cierto que lo segundo vende más en un mundo posmoderno panteísta, pero entonces el título del documental, La sal de la tierra, no cumple con las intenciones de su fuente original (Mt, 5:13), sino con una operación de marketing que se termina de explicar por la presencia de Juliano R. Salgado, hijo del fotógrafo, junto con Wenders frente y tras la cámara.

Por otro lado, los aficionados y profesionales de la fotografía van a echar en falta en este documental referencias al procedimiento de trabajo de Salgado. Todos tenemos en mente aquella maravillosa War Photographer (Christian Frei, 2001) en la que se nos muestra el día a día de la toma y edición y publicación fotográfica del célebre James Nachtwey. No hay de eso en La sal de la Tierra. Hay que imaginarse cómo se han capturado las instantáneas… y la cantidad de ajustes HDR que maquillan el trabajo de Salgado.

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