El cine, el corazón de Magnum

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La intimidad de los rodajes quedó descubierta ante los ojos curiosos de Magnum, que descubrió en el cine una realidad tan desconocida como intrigante. Todo nació, como surge casi todo acto humano, de una relación. La relación entre Robert Capa y la actriz Ingrid Bergman. El fotórreportero se adentró en una guerra peligrosa, ya que la desconocía por completo. Esta era la guerra de los focos, la cámara y la acción. Siguiendo a su amante al rodaje de Encadenados, de Alfred Hitchcock, nació lo que sería a partir de ese momento la unión de Magnum con el cine.

El 1 de abril en la Sala Canal de Isabel II de Madrid se inaugura La cámara indiscreta. Tesoros cinematográficos de Magnum Photos. En ella se podrá disfrutar de las más de cien imágenes que representan ese estrecho vínculo entre cine y fotografía, dos artes que se irán distanciando con los años.

“La relación de Magnum con el cine siempre fue una relación muy natural”, asegura la directora de exposiciones de Magnum en París y encargada de la selección que se estrena en madrid. En este sentido, hay que dejar en evidencia la diferencia que existe entre esa unión y la que existía antes de ella, que podría denorminarse matrimonio de conveniencia si atendemos a sus fines publicitarios. Pero si buscamos el verdadero motivo por el cual fue posible dicha simbiosis, no es más que como hemos dicho, las relaciones personales entre fotógrafos y actores. Esta fue la principal razon por la cual cuando el cine de Hollywood comenzó a aislar a sus estrellas, esta magio se perdió en el pasado.

La película que marca la historia de Magnum en el universo del cine es, sin duda, Vidas rebledes, de Huston. Este drama escrito por Arthur Miller, tuvo como peculiaridad la petición al director de de Magnum por parte del productor, Frank E. Taylor, de que se encargase de suminisrar el material fotográfico a las revistas evitando problemas oleadas de paparazis. De esta forma, Magnum envió a nueve de sus mejores fotógrafos para que consiguiesen transmitir toda aquella amalgama de emociones y sentimientos que inundaba el rodaje. Cada uno aportaba su pequeño universo, su visión de lo que ocurría tanto dentro como fuera de los escenarios, pues las imágenes crecían y evolucionaban con los actores. Desde la luminosidad y fuerza de los primeros momentos, con una Marilyn Monroe que se comía las cámaras con una mirada, hasta el final más triste y nostálgico de una Marilyn debilitada y un Clark Gable que moriría víctima de un infarto poco después.

Cornell Capa, Henri Cartier-Bresson, Ernest Haas o Inge Morath entre otros, supieron retratar con detalle todo ese mundo hasta entonces opaco para los que vivían la gran pantalla desde la butaca. Los actores se vuelven más humanos en las fotografías, como ocurre con la fuerza de la actriz Elisabeth Taylor que capta Burt Glinn, y también los lugares más corrientes como Castilla consiguen sacar a la luz toda su belleza e inmensidad con fotografías como la de Nicolas Tikhomiroff. Todo esto en una exposición que se mantendrá abierta al público del día 2 de abril al 27 de julio en la Sala Canal de Isabel II de Madrid, en la calle Santa Engracia 25.

Galiana Legorburu

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